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El miércoles 07-abr-21 fui nuevamente a los baños de Villateresa a eso de las 7 pm, porque me había quedado bien cachondo con un encuentro que tuve un día antes con un señor maduro de ahí. Por mala suerte estaba una muchacha del aseo limpiándolos, así que entré solo a orinar y me fui. No sabía si ir al monte de Pintores Mexicanos, aún había mucha luz y hacía demasiado calor. Decidí ir a la central camionera, ya tenía muchísimo sin ir.
Llegué como 7:30 pm allá. Entré a los de esquina con 5ª Avenida. Aún cobran 6 pesos y estaban algo solos. Únicamente 2 personas aparte de mí, y los cubículos del fondo desocupados. Me metí al último. Desde ahí me agaché para espiar a los del primero y segundo cubículo.
El del primer cubículo era un muchacho de piernas muy blancas. Noté que buscaba faje, pero era muy tímido o no sabía dar señas. Se agachó un poco para espiar y solo alcancé a ver su pelo. Me levanté para no verlo directamente a la cara. El que estaba al lado de él era de esos que están como estatua, esperando faje, pero no hacen absolutamente nada, ni se la jalan ni espían a los demás. No sé a qué van.
El chavo güero se salió al pasillo y noté que se agachó para ver quién más estaba en los baños y me vio. Yo estaba con el pantalón al suelo y jalándomela. Era obvio que buscaba faje. El chavo caminó despacio hacia el fondo y se metió sin hacer ruido al cubículo al lado de mí. (“¡Dame verga ya papi!”), pensé en cuanto el vato cerró su puerta.
Yo me la seguí jalando y noté que el wey trataba de espiarme por el agujerito, pero sin pegar su cara a la división, para no verse tan obvio. Yo en chinga le hice señas con la mano para que me dejara jalársela. El wey entendió, pero como que no sabía de qué manera hacerlo. Entonces le hice señas con la mano, hincando mis dedos en el piso, para que él se hincara también.
Así lo hizo, pero con mucha dificultad. Tenía piernas delgadas y largas, muy blancas y trató de hincarse con una sola rodilla al piso, para no ser tan obvio. El baño estaba prácticamente solo, a excepción del otro wey del segundo cubículo que no hacía nada. Yo sí me hinqué a mis anchas y ambos nos mostramos nuestras piernas güeras y nuestras vergas. Él tenía una verga larga, blanca, sin circuncidar. Delgada pero cabezona, como tipo palanca de velocidades.
En cuanto tuvimos nuestras vergas frente a frente, nos las empezamos a jalar el uno al otro. Este vato me la jaló con fuerza, como que tenía una forma brusca de jalarla. Yo se la jalé con suavidad para no estirarle tanto el prepucio y no lastimarlo.
La neta si me la seguía jalando así de fuerte me iba a deslechar pronto, así que mejor me separé. Me agaché más y le di una chupada. Su verga estaba limpia, pero tenía un sabor amargo, muy amargo. No se si fumaba o si sería su jabón o loción. Se la seguí chupando y el wey acercaba lo más que podía su pelvis hacia mí. Quería ese pito largo y blanco más a fondo, pero no podía agacharme más sin hacer muchas contorsiones, así que con la mano le indiqué que saliera y se metiera a mi cubículo.
La excitación le había quitado lo tímido al chavo, así que a los pocos segundos se subió el pantalón y salió, tratando de no hacer ruido. Le abrí la puerta y lo vi. Era un chavo como de unos 25 años, delgado, blanco y muy guapo. Era alto, como de 1.80 m.
Entró a mi cubículo, se desabrochó su cinto y volvió a sacarse su verga. Yo estaba sentado en la taza y a esa altura se la pude mamar perfectamente. Me la metió a fondo y yo se la seguí mamando con rapidez y lo mejor que pude, mientras yo también me la jalaba a la misma velocidad que se la mamaba.
Sonó la puerta de la entrada. Nos pusimos de nervios. Lo más lógico era que el chavo se saliera y esperara. Pero me sorprendió que en vez de eso se quedó adentro, cerró la puerta con el pasador y se pegó más hacia mí, para que no pudieran vernos y al mismo tiempo darme verga más a fondo. Yo me excité muchísimo y me la empecé a jalar con mucha prisa, hasta venirme en la taza, sin dejar de mamársela.
-Ya me voy a venir… – me dijo en voz baja. O era sacarme su verga de la boca y que se viniera en mi cara y mi ropa, o que se viniera en mi boca. Pasó lo segundo, después de unos instantes sentí su verga lanzar unos chorros calientes en mi paladar, mientras yo se la seguía mamando, hasta sentir que su verga dejó de aventar chorros y quedarse quieta dentro de mi boca.
Al terminar, me saqué su verga de la boca con cuidado, para no tirar su leche sobre mí. El chavo salió deprisa y en cuanto se fue escupí su leche en la taza, me limpié y le bajé al baño. Yo también tenía mi verga ya bien babosa después de haberme venido y me limpié. Salí a lavarme las manos, la cara y la boca. En ese ratito que estuve aseándome, llegaron vatos bien sabrosos a orinar, pero se notaba que también les gustaba el faje. Yo ya tenía que irme, así que no me quedé más tiempo.
Aprovechen esos baños, nuevamente se prestan para fajes y cachondería, todo muy rico y con discreción.
